EL AYER DEL RECUERDO
La costumbre de vivir es el recuerdo. El recuerdo es el nombre de todo lo que fuimos: unas manos que lo significaron todo, unos labios a los que no pudimos besar...La memoria tiene ese desván por el que transitamos, lleno de abalorios, de terribles certezas. El presente se hace recuerdo a cada instante. El clásico lo dijo: “Soy un es cansado”. A través de la imagen perfecta del pasado nos convertimos en lo que somos. En su perfecta silueta adivinamos a vernos como estatuas, a veces de perdición. El vacío aguarda a todos aquellos que tejen en el viento, dijo James Joyce: nosotros somos unos tejedores de viento y, sólo el poso de lo pasado, es capaz de hacernos partícipes de nuestra actualidad.
La costumbre de vivir es el recuerdo. El recuerdo es el nombre de todo lo que fuimos: unas manos que lo significaron todo, unos labios a los que no pudimos besar...La memoria tiene ese desván por el que transitamos, lleno de abalorios, de terribles certezas. El presente se hace recuerdo a cada instante. El clásico lo dijo: “Soy un es cansado”. A través de la imagen perfecta del pasado nos convertimos en lo que somos. En su perfecta silueta adivinamos a vernos como estatuas, a veces de perdición. El vacío aguarda a todos aquellos que tejen en el viento, dijo James Joyce: nosotros somos unos tejedores de viento y, sólo el poso de lo pasado, es capaz de hacernos partícipes de nuestra actualidad.




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